Deviant Login Shop
 Join deviantART for FREE Take the Tour
About Deviant Member AbelistaFemale/Peru Recent Activity
Deviant for 7 Years
Needs Premium Membership
Statistics 8 Deviations 142 Comments 2,029 Pageviews

Newest Deviations

Favourites

Groups

deviantID

Abelista's Profile Picture
Abelista
Abelista
Peru
No hay muchas cosas que pueda decir de mi que sean especialmente originales.

Soy estudiante, leo, escribo, dibujo cuando puedo, camino mucho, duermo demasiado y escucho música. Eso sí, los gatos no me gustan.
Interests

Parte II

Seducción a la Pataki.

Cuándo, no cuando, Helga G. Pataki había perdido la paciencia. Eso era lo que Rhonda, y buena parte de la población estudiantil, se moría por averiguar. Era una cuestión de orgullo, habían sido compañeros de carpeta desde la primaria, este tipo de cosas no podían caer como un ladrillo y de la nada. ¡De la nada!, como si fuese una cosa de todos los días que Helga estuviera enamorada de Arnold. Que por cierto, había quedado bastante claro luego de ese beso que había durado más de treinta segundos, ¡en medio del patio que no era un patio!

Cuándo, cuándo Helga G. Pataki, cuándo que Rhonda no se había dado cuenta. El evento los afectó a todos en distintos grados.

Stinky comprendió que con el horror también podían venir otro tipo de sensaciones. Una que le tocaba muy de cerca y que fue bienvenida como un ángel caído del cielo, el alivio. Ese gran suspiro que se había atorado en la garganta semanas atrás y que terminó por escapársele en un momento de vacía sorpresa. Un pequeño suspiro, y su cuerpo había recuperado la energía que nace sólo de la más ilusa esperanza. Si Helga declaraba que Arnold iba a ser su novio, pues bien, ¿quién se atrevería a decir lo contrario? Él no, de ninguna manera y aunque lo torturaran. Es más, se había convertido en el fan número uno y en un defensor pasivo de la estrambótica pareja que formarían. Casi podía imaginarlo y una sonrisa perezosa se le dibujaba en el rostro.

—Niños calvos con la uniceja. —Se rió en voz baja y no se preocupó de responder ninguna de las preguntas que le hicieron.

Sid había estornudado, pero sólo cuando Helga se fue del patio y era necesario que un sonido impertinente los despertara a todos del embotamiento descreído que se les había implantado en la médula. Fue una respuesta involuntaria, pero sirvió para que Arnold se convirtiera en el centro de las exclamaciones de la más absoluta incredulidad. Ni en un universo paralelo en el que Helga escribiese poesía, Sid no era capaz de concebir el hecho que había ocurrido a unos cuantos metros de él y de su pronunciada nariz. Helga es una chica, fue la única conclusión importante a la que llegó.

—¿Lo sabías Stinky? —Preguntó con la mirada vacía y la voz más nasal que de costumbre—. ¿Sabías que Helga era una chica?

Patty se ha tomado su tiempo para confirmar sus sospechas. Ella no ha necesitado angustiarse en la pregunta que ha desdibujado el esquema Wellington Lloyd, el cuándo lo tiene muy claro porque, para quienes observan, el comportamiento de Helga es bastante obvio. Sus sospechas, por eso, tienen que ver más que nada con el coraje que parece haber disimulado todos estos (esos) años. Hay que tener las tetas bien puestas. Las tetas y algo más, claro. La consideración de una exposición tan pública resultaba peligrosamente imposible. Helga tendría que haber estado borracha, loca o seriamente celosa. La tercera opción parecía la más acertada, Patty se inclinaba a pensar que la verdad residía en una combinación de las tres.

—Habría apostado todo, Phoebe, todo. —Se pasa una mano por el cabello—. Menos que fuera y… en fin, tengo cosas qué hacer. Lo besó. —Movió la cabeza y se rió en voz alta.

Phoebe, que conocía a Helga de toda la vida, todavía no podía entrar en contacto con su propia incredulidad. La que otrora se había inventado eufemismos (inútiles, por cierto) para hacerle parte de su intenso y unilateral enamoramiento iba (sin avisar) y más que proclamar, enarbolaba una bandera que decía alto y bien claro esto-es-mío. Aunque claro, en algún punto de todo ese desmadre Arnold tendría que alzar la voz y aclarar si estaba de acuerdo o no. Por su bien, por el de Arnold claro, ojalá la respuesta fuera positiva. Que se cuidara no sólo él si Helga seguía o tenía un plan en el que empeñarse. Que se cuidaran todos del huracán que Helga podía llegar a ser.

—No me dijo nada. ¿Puedes creerlo? —Le decía a Harold, pero sólo hablaba en voz alta—. Nada.

Harold no la escuchó, había seguido a Helga con los ojos y no fue hasta que se perdió en el horizonte que se le ocurrió pensar que ya no estaban en primaria. En esa época, tan lejana por un rato, las cosas todavía eran normales. Arnold era el chico que vivía con sus abuelos, usaba falditas y nadie lo molestaba demasiado porque era un buen tipo que ayudaba cuando (y cuando no) podía. Helga era la niña de la uniceja que se metía con quien le daba la gana, usaba vestidos rosados que no le quedaban y tenía el cabello en dos colas. Todos tenían sus papeles y aunque no lo dijeran en voz alta, era más cómodo. Si había algún símbolo de aquella comodidad, fácilmente podía ser la hostilidad con la que Helga y Arnold NO se besaban. Así que, una cosa es tener sentimientos y otra muy distinta es ¿qué mierda acaba de pasar?

—¿Qué mierda acaba de pasar? —Preguntó en voz alta, confundido, con la secreta esperanza que todos los oyesen y algún alma caritativa se dignara a explicarle si el universo seguía en orden o Helga iba a empezar a besar a todas las víctimas de su abuso. No, por favor, no.

La única que parecía medianamente normal era la hermosísima Lila Sawyer. Tenía el cabello suelto y perfectamente peinado, le enmarcaba la sonrisa ligera y los ojos que le brillaban con un tipo de emoción contenida que era, francamente, desconcertante. CÓMO, cuándo, pero sobretodo CÓMO había podido superar el impacto si había estado TAN cerca. Debía ser magia negra, negación o, no puede ser, de verdad no le interesaba tener ningún tipo de relación amorosa con Arnold. Increíble. Hubiesen aplaudido su ecuanimidad de tener el ánimo para considerar algo que no fuera la repetición (recuerdo) instantánea, chistosa y, nuevamente, cuándo.

—Arnold, ¿estás bien? —Preguntó divertida—. No has hablado en un buen rato.  

A veces Lila te miraba con los ojos más sinceros del mundo, sin exageraciones, los más sinceros y cafés de la humanidad. Te preguntaba y era una reacción involuntaria responder, pero siempre se quedaba esa sensación engorrosa y la pregunta que la expresaba, también, con toda la sinceridad del planeta. ¿Se estará quedando conmigo?, a lo mejor era la pregunta socrática, la que se hace con la sombra de la respuesta. No sólo la respuesta, tenía que ser la correcta. La sonrisa de Lila tendría que saber que Arnold no estaba bien en absoluto. Que Arnold, me acaba de besar Helga Pataki, estaba despertando del sueño extraño que era ser el centro de atención, no de su antigua clase (ellos qué importaban), de la matona del colegio. Así, simple y concreto como tenía que ponerlo si quería formular en coherencia.

Había sido un buen día en el que cancelaron la clase de Álgebra y Lila estaba acompañándolo durante TODO el almuerzo. Eso tenía que significar algo. Tenía que significar mucho con cuatro citas y una intimidad que oscilaba entre la amistad y te tengo que decir algo importante. El plan era simple y con dos boletos (comprados en pre-venta) de teatro, un gusto en común (completamente inofensivo) y que guardaba las esperanzas de un hombre noble. Lo último que se hubiese esperado era que Lila dijera que no. No por arrogancia, porque la invitación se inscribía en el contexto de lo puramente amical. Que Helga se apareciera de la nada era una alucinación con luces de neón y polvo de hadas.

El reclamo, porque una parte en su cerebro lo había entendido como tal (una parte que no tenía una voz muy clara en su subconsciente), había salido disparado y con certeza, apuntando la diana de su debilidad. No era porque pretendiese ocultarlo, cualquiera con un poco de empatía podría dar cuenta de su gusto gusto por Lila. Era una crueldad a la que se había acostumbrado, quizá, con el paso de los años. La Helga que sin consideración se apoderaba de los otros y se reía de lo más serio, como si se tratara de un chiste de mal gusto. Algunos no podía con esa Helga. A veces Arnold, por lo precitado, tampoco podía.

Lo que no podía, tampoco, era el beso. Era un tipo de indignación que no terminaba por cuajarse en el enojo. Una lista que se escribía en todas esas ocasiones en las que Helga lo había besado. Sólo ahora, después de años de convivencia, Arnold se preguntaba si todas esas veces por casualidad no habían sido premeditaciones te estoy besando. Era bastante escalofriante, por cierto, darse cuenta de la normalidad que percibía en la piel cuando Helga lo tocaba. Era, algo así, como que muy íntimo un beso con alguien. Un beso con Helga tenía la repetición incontable de desafortunadas casualidades, tenía el recuerdo de esos labios sobre los suyos y del pánico inexperto con el que su propia boca reaccionaba. ¡Un beso, por todos los dioses!

Como si no bastara, en qué RAYOS estás pensando, con un poco de contacto. Con un montón de contacto. De todas las veces en las que Helga podía hacer algo sin explicar nada (porque nadie estaba en condiciones de preguntar) y se atrevía a hablar alto y claro y con la sombra de una amenaza que parecía sellar el destino de todos, el destino de una relación que no existía, ¡su destino, demonios! A Arnold le había quedado bien claro que Helga estaba loca. Descontextualizada, rara, totalmente fuera de carácter. Quizá era la Helga de un universo alterno en el que ellos eran amigos y se querían un poco más que los amigos. Probablemente como en ese sueño que tuvo alguna vez. Sería más lógico y menos Helga se me acaba de declarar. Sin embargo, él seguía siendo el mismo Arnold de siempre (estaba seguro).

La única conclusión a la que podía llegar, qué demonios, no le servía en lo absoluto.

  —Perdóname Lila, pero necesito pensar.

Ya le habían preguntando cinco veces y con paráfrasis distintas, menos o más directas, si su comportamiento anterior era una broma del día de los inocentes (muy rezagada) o sólo su habitual manera de freírles el cerebro. Una vez olvidada la estupefacción, una vez superada mejor dicho, era fácil irritarse un poco con la sonrisita de lado que obtenían por respuesta. No era como si se murieran por saber, que sí se morían, su curiosidad no era más que una simple reacción del organismo. Una forma de supervivencia, en situaciones extremas como la presente, y la expresión del instinto de conservación. Helga no era una persona fácil, sus acciones más tenían que afectar al resto que detenerse en ella misma. Tenían que saber.

—Vamos Helga. —Insistió Rhonda en una modulación que pretendía dulzura, pero que le salió más bien impaciente—. ¿Por qué no nos explicas que ha pasado a la hora del almuerzo?

Esta vez se rió en una carcajada seca. Rhonda lo consideró un progreso y codeó a Nadine.

—Sí Helga. No sabíamos que estabas enamorada de Arnold. —Inmediatamente todos se pusieron tensos. Lo habían pensado, claro, pero enunciarlo tan libre de cuestionamiento era más o menos alucinante. Nadine se dio cuenta y titubeó cuando Helga la miró con interés—. Eso claro, si es que estás enamorada.

Cambió de posición y arrugó el ceño, el resto aguantó la respiración, mientras entrecruzaba las manos. Su mirada se perdió en algún lugar entre su público, se aclaró la garganta hasta alcanzar la cima de tensión inusitada que pretendía. Se divertía descaradamente en su mutismo, se reía de sus expresiones ansiosas, se regocijaba de su poca imaginación y la magnífica pregunta que le acababan de hacer. ¿Estás?, se veía en la ligera inclinación que pretendía escuchar sus pensamientos.

—A ver. —Soltó de golpe, sarcástica—. Ustedes, ¿desde cuándo creen que les voy a contestar?

Stinky tenía una buena réplica a esa pregunta. De hecho, era tan buena que no necesitaba más de tres palabras y se podía emitir sin nada de malicia. Consideraba que podía decirla en voz alta y dejar que Helga se volviera a reír para negarles la respuesta, no pasaría nada. Pero ese no era el comportamiento de un fan, un fan apoyaba a su ídolo, lo socorría silenciosamente cuando podía y le expresaba su profunda admiración en los momentos de ebrio descontrol. Helga no era su ídolo, claro. Helga sólo era su ídolo si Arnold estaba al costado, así que no había ninguna obligación de por medio. Quedaba que interviniera y saliera triunfador de una batalla que no era la suya.

Escogió Arnold ese momento para salir, por las puertas grandes de la entrada, de la escuela. Por fortuna.

La atención se desvió en instantes, en motas de polvo que salían de las sueltas, en el ágil salto que Helga dio para desembarazarse de todos los chismosos y ponerse en camino de un encuentro que todos estaban esperando. Todos seguían alucinados y peripatéticos, esa Helga era la misma Helga de siempre, se la conocían de memoria pero si les preguntaban no tendría una respuesta clara para presentarla. Es pero no es Helga.

—Un momento Arnoldo. —Llamó con autoridad y se plantó cinco pasos delante de él—. Tenemos que hablar.

Válgame.

—¿Qué? —Parecía no reconocer a Helga mientras la miraba, sus ojos estaban abiertos en genuino desconcierto, como si estuviera en frente de una aparición excesivamente osada—. ¿De qué tenemos que hablar?, déjame pasar.

—Tenemos que hablar. —Aseguró en un tono que no aceptaba réplicas—. Ya te he dado tiempo para que te acostumbres a la idea.

A la idea. A qué idea se refería, nadie quería señalarlo porque les daba algo de vergüenza. No sería que Arnold no lo supiese y se le ocurriera preguntar. QUÉ DEMONIOS LE PASA A HELGA. A esas alturas del histerismo nadie se animaba a sorprenderse, era como una película, asumían los altibajos de la peripecia para llegar al final. AL FINAL donde TODO cobraba sentido y Disney ponía fin. Y todos vivían felices para siempre, que nadie se olvide.

—¿Qué idea? —Preguntó molesto. Era retórica la pregunta, pero necesitaba la confirmación.

—¿Debería recordártela? —Se acercó un paso y pudo haber pasado, por los chillidos entrecortados, que todos se llevaran la mano a la boca—. Uno no puede ser pareja de nadie, así, de la nada.

Ah. Pero cómo ah, entonces Helga estaba hablando de otra idea ah. ¿Qué idea, ah?, si se podía saber, claro.

—No me digas. —Soltó con rudeza, el ceño fruncido y nada del buen humor con el que el resto del mundo estaba recibiendo las noticias—. Déjame pasar.

—Todavía no. —Su tono se volvió peligroso y Rhonda se horrorizó silenciosamente cuando se dio cuenta que se estaba mordiendo las uñas—. Tú y yo vamos a tener una cita enano.

A ver Helga, pensó el público, te estás pasando un poco. Desde que cumplieron trece todos los chicos se la escuela pasaron por ese periodo de crecimiento anormal con el que pudieron superar la altura de la mayoría de las chicas de la escuela. No era mucho, pero sí suficiente para que el sobrenombre empezara a perder su sentido práctico. No era como si Arnold fuese el más alto, pero al menos competía muy sanamente con Helga. Ah, pero, eso no era lo importante.

—¿Tú y yo? —Repitió Arnold en silenciosa contrariedad. El asa de su mochila se deslizó sobre su hombro hasta encontrar el último ángulo en qué sostenerse—. Espera, ¿qué acabas de decir?

—Me escuchaste. —Sonrió triunfal—. El viernes, en Bigal, a las seis.

El viernes, en Bigal, a las seis. Lo anotaron mentalmente y miraron a Arnold, este los ignoró con esa tranquila distracción que le permitía concentrarse en una sola situación por vez. Helga debía sentirse halagada de la atención con la que era escuchada.

—No va a haber… —Tomó aire, tranquilizándose—. Helga, no sé qué es lo que sucede contigo pero ahora mismo necesito que me dejes pasar.

—A las seis. —Le recordó y se acomodó la mochila—. Te arrepentirás si llegas tarde.

Helga se fue en medio de un descontento generalizado. Atravesó la inquietud más atrevida con una mirada de muévete insecto y muchos se preguntaron si no habría escuchado el suspiro/disgusto de Arnold que le respondió entre dientes lo que digas. Él también se marchó y no parecía que se hubiese acordado una cita en lo absoluto. Nadie había preguntado, nadie había respondido e incluso los más tontos se darían cuenta que no existía ni una milésima de oportunidad para que Arnold fuese a Bigal, a las seis, el viernes.

¿Irá Helga?

En su camino a la casa de huéspedes Arnold se encontró con Gerald quien le comentó, como si nada, que había escuchado el chisme más raro de la temporada. No me creerías viejo, le decía en risas entrecortadas y con una mano en el estómago, no sabes lo que Harold me ha contado. Arnold albergaba la creencia de que, quizás, su mejor amigo se refiriera a un cotilleo que nada tenía que ver con su día. Un optimista, como le decían, siempre intentaba ver el lado bueno de las cosas.

—Te vas reír, te lo juro. —Arnold esperaba y trataba de sonreír. Gerald estaba muy ocupado en su imaginación, riéndose de lo ridículo de la patraña—. Me dijo que Helga te besó, ¿puedes creerlo?

Gerald se tardó un buen rato en darse cuenta que el sonido de las risas era de su entera exclusividad. A su lado, Arnold le dedicaba una sonrisa floja de desazón, esperando con paciencia que la verdad le llegara. Le llegó, por fin, en el silencio inoportuno que le siguió a un breve momento de reflexión, donde la suposición era real, la sonrisa de Gerald cayó inmediatamente. Se llevó una mano a la frente y soltó sonidos ininteligibles, el horror le llenó los gestos de la cara y su mano cayó pesada (en el hombro de Arnold) con asombro. No puede ser. Pero sí era. Arnold movió la cabeza de un lado a otro y siguió caminando entre las exclamaciones de horror. ¡Helga!, ¡no puede ser!, ¡Arnold!

Las ganas de hablar se le quitaron a los dos y una vez que Arnold alcanzó su destino, apenas si llegaron a despedirse con una mueca de idéntico desánimo. Habían llegado al silencioso acuerdo de dejar pasar un día de cavilaciones antes de poder discutir el asunto en voz alta. Así parecía mejor.

Lo sorprendió en la entrada la figura danzante de su abuela, que se movía ahí y acá al ritmo de Eleanor Rigby. Tarareaba con alegría y parecía buscar all the lonely people para sacarlos a bailar un rato. No recogía el arroz, parecía que lo barría y no era Eleanor de ninguna manera pero lives in a dream y sonreía como si Arnold no tuviese derecho a tener un mal día. Le dio tres palmaditas en el hombro y siguió cantando hasta que Arnold le sonrió, la más sincera de todo el día, y le dijo que se iba un rato a su habitación.

—Espera un momento Arnold. —Lo llamó cuando llegó al pie de las escaleras—. Tienes visita.

—¿Quién es?

Se movía y parecía más joven que en toda su vida, where do they all come from? cuando no los conocía en absoluto. All the lonely people que estaría allí fuera esperando para bailar. Le tomó el brazo y lo empujó un poco al pasillo, para que sintiera el coro y cantara con los Beatles, pero de otra manera. Eleanor Rigby estaba muerta, acababan de enterarse, pero no todos all the lonely people tenían que morir. No parecía correcto, pero la abuela cambiaba el tono y lo hacía chistoso, cálido en las voces y le relajaba el ánimo.

—Helena de Troya ha venido para una entrevista. —Le declaró en un susurro y lo guió en el camino que daba a la sala.

¿Quién?

 

AdCast - Ads from the Community

×

Friends

Comments


Add a Comment:
 
:iconkaragabrielle:
karagabrielle Featured By Owner Jun 17, 2014  Hobbyist Digital Artist
Hola Milla, me gustan mucho tus fanfics, los sigo desde hace tiempo, me gustaría que los continuarás y no los dejaras botados, espero estés bien y saber de ti pronto.
Reply
:icongabryll:
gabryll Featured By Owner Jan 5, 2014  Student Digital Artist
hola killa :) me cambie de cuenta, soy mitsuki
te doy un watch y un abrazo :hug: :3
Reply
:iconregilalgariet:
RegilAlgariet Featured By Owner Aug 30, 2013
Jajajajaja XD ABELISTA XDDD JAJAJAJAJAJAJA
Reply
:iconabelista:
Abelista Featured By Owner Oct 3, 2013
Dios, aprendiste cómo utilizar otra web. 
Reply
:iconregilalgariet:
RegilAlgariet Featured By Owner Oct 3, 2013
Yours truly *puts hat away* 
Reply
:iconkuraudia:
kuraudia Featured By Owner Jul 28, 2013  Hobbyist Digital Artist
Gracias por el watch :heart:
Reply
:iconabelista:
Abelista Featured By Owner Jul 29, 2013
De nada, dibujas muy lindo y nunca me había reído tanto xD (por ti estoy buscando más sobre su proyecto Latin Hetalia). Sigue así. :)
Reply
:iconmajoazocar:
majoazocar Featured By Owner Apr 3, 2013  Student General Artist
Killaaa :DDD
Te escribo para que sepas que ya tengo cuenta en fanfition(oh, que interesante xd) y escribi una novela, apenas va el primer cap. Me encantaria que pudieras leerlo y darme tus criticas constructivas y destructivas (:
Si estas interesada pasa por mi prefil de aca de devianart, esta la foto del primer cap y ahi esta el link.
Besos :333
Reply
:iconabelista:
Abelista Featured By Owner Apr 4, 2013
Holo :)

Qué bueno cariño, espero que hayas leído el último capítulo de 'El día en el que Arnold sorprendió a Helga'. Ahí te dejé recomendaciones que me pediste. Si deseas algo más específico, avísame.

¿Una novela? o-o cariño, ¿dónde? pásamela, dame un link para poder comentarla (como es un libro dejaré mis otras lecturas de lado y me leeré primero lo tuyo).

Abrazos :)
Reply
:iconmajoazocar:
majoazocar Featured By Owner Apr 5, 2013  Student General Artist
Jaja, si n_n gracias por al información de verdad, por los momentos leeré ese y si es la clase de libro que busco te diré a ver si conoces más :33

Este es el link: [link]

Apenas llevo un capitulo por los momentos, gracias por tu atención :DD

Y aprovecho para decirte que empecé a leer "Rhonda y la pócima mágica" y de verdad me encanta como se está desarrollando la historia. Tengo una fascinación por tu Helga, es tan fuerte, ruda y admirable pero sin dejar de ser la Helga orginal x_x espero que la continúes pronto, y para entretenerme en la espera leeré las demás que tienes, que se de ante mano que tambien son excelentes c:

Besos y bendicones :DDD
Reply
Add a Comment: